NOTICIAS Y CONVOCATORIAS

UN VIERNES SANTO DIFERENTE

26-03-2020


     Amanece en la ciudad de los Almirantes, es Viernes Santo, un Viernes Santo atípico, ya que debido a una pandemia mundial las autoridades competentes decidieron suspender todos los actos de Semana Santa, junto con las convocatorias y reuniones de las distintas Hermandades.

     El como riosecano y cofrade de la Hermandad del Santo Sepulcro, una Semana Santa así nunca la había vivido, aquí en Medina de Rioseco, como cada primavera espera impactante y ansioso la llegada de la Semana Santa, la semana más importante del año en esta localidad, semana en que la ciudad se llena de fe y esperanza, de pasión y tradición envuelta entre acordes musicales, este Viernes Santo aunque amaneció con un sol radiante, se aprecia un día triste, apagado, sin color, hasta el trinar de las aves se ha enmudecido. Sentado junto al balcón, mira la calle vacía, como sin vida, se siente en medio de ningún sitio, intenta atrapar recuerdos perdidos, una mañana en blanco y negro de este particular Viernes Santo, busca en su silencio esos recuerdos lacerantes, que hoy serán alas de eternos sueños que vuelan alborotados sobre su cabeza.

     Este Viernes Santo, es distinto, se le antoja extraño, los vientos de su interior no se calman, el cielo se torna más gris, no se escucha el murmuro de la gente rebotando en los muros de Santa María cuando salen los pasos; la tarde pierde su belleza esta muda, esta vacía. No hay emociones, no hay sentimientos a flor de piel, solo lágrimas, desesperación y esperanza, la esperanza de que el año próximo en primavera llegue de nuevo la Semana Santa, con su olor a cera quemada, con su melodía y el inconfundible sonido de la corneta del pardal entre el recelo viviente de unas calles centenarias llenas de historia, unas calles que él, recorrerá vestido de puro lienzo blanco entre la gloria y la fe en el más absoluto silencio.

 

     Desde la Hermandad del Santo Sepulcro mandamos a todos un abrazo de esperanza y fe.
Todo saldrá bien.
El Santo Sepulcro se queda en casa.

L. FERNANDO DE SANTIAGO BADÁS.